martes, 16 de febrero de 2016

UNIDAD 4. SENSIBILIDAD Y PERCEPCIÓN

SENSIBILIDAD Y PERCEPCIÓN 



1.      LA SENSIBILIDAD.

1.1. LOS SENTIDOS.

Gracias a los sentidos, los animales entran en contacto realidad exterior y también con las transformaciones que se producen en sus propios cuerpos. Durante siglos se pensó, y muchas personas siguen pensando, que el ser humano poseía exclusivamente cinco sentidos. Se puede decir que, en realidad, hay muchos más sentidos, tantos como receptores sensoriales. Se llaman receptores a las células nerviosas especializadas que reaccionan ante los cambios físico-químicos producidos en el ambiente o el interior del cuerpo y emiten una señal que se transmite en forma de impulso nervioso; son, por tanto, terminales que forman los estímulos físicos o químicos en impulsos nerviosos. Según la clasificación de Wenger y Jones, se distinguen cuatro tipos de receptores sensoriales:

Exteroceptores. Se hallan situados esencialmente superficie del organismo, por lo que su función consiste en captar la estimulación del medio ambiente. Responden, por tanto, a estímulos originados fuera del cuerpo. Son exteroceptores los cinco sentidos clásicos: vista, audición, olfato, gusto y tacto.

Interoceptores. Se encuentran dentro del organismo; están localizados en los aparatos respiratorio, digestivo, urogenital y, en general, dentro de las vísceras. Reciben la estimulación interna, tal como el calor o el frío de los órganos corporales. Su respuesta consiste esencialmente en alteraciones viscerales. Gracias a ellos obtenemos sen­saciones de hambre, sed, bienestar, etc.

Propioceptores. Están situados en los músculos, tendones, articulaciones, etc.  Básicamente controlan las res­puestas musculares. Nos permiten andar, dominar el equilibrio del cuerpo, etc.

Nociceptores. Se encuentran repartidos por todo el organismo. Reaccionan primordialmente ante estímulos nocivos, transmitiendo al cerebro sensaciones de dolor.


Existen otras clasificaciones de los receptores sensoriales en función del tipo de estimulación al que responden, de forma que los sentidos pueden dividirse en fotoceptores (vista), mecanoceptores (oído, receptores cutáneos e internos de la presión), termoceptores (receptores del calor y el frío), quimioceptores (olfato y gusto), etc.

1.2. ESTÍMULOS Y SENSACIONES: LOS UMBRALES.

Como hemos dicho en la Introducción, la sensación puede entenderse de dos formas:

·    En un sentido fisiológico, la sensación es un proceso que de varias fases:

- Excitación de un receptor sensorial por efecto de una estimulación.
- Transducción, esto es, conversión de la energía física, química o mecánica del estímulo en un impulso ner­vioso de naturaleza eléctrica.
- Transmisión del impulso nervioso de neurona en neurona.
-  Recepción de dicho impulso por el cerebro.

·    En sentido psicológico, la sensación es la captación de una cualidad sensible, es decir, de una experiencia por la que un sujeto se da cuenta de una cualidad o aspecto de un objeto.
De manera muy simplificada podemos decir que las sensaciones son las respuestas mentales a los estímulos (generalmente físicos y químicos) y los competentes esenciales de la percepción. Pero ésta, como veremos más adelante, es algo más que una mera suma de sensaciones. Para que los sentidos sean activados se necesitan estímulos. La Rae define estímulo como “agente físico, químico, mecánico, etc., que desencadena una reacción funcional en un organismo”. Según esto, son estímulos las ondas sonoras, las reacciones químicas que activan el sentido del gusto, las longitudes de onda de la luz reflejadas en las superficies…

Ahora bien, no todas las formas de energía que llegan a receptores sensoriales son capaces de provocar sensaciones. Por ejemplo, el ojo humano percibe sólo una pequeña parte ­espectro electromagnético; así, las radiaciones de rayos X quedan fuera del campo visual. Lo mismo sucede con determinados sonidos muy bajos o con ciertas propiedades olfativas que no pueden ser captados por los sentidos humanos, aunque sí por los de otros animales, como el murciélago (ultrasonidos) o los cerdos (pueden olfatear las trufas que crecen debajo de tierra).

Se llama umbral mínimo o absoluto a la intensidad más pequeña necesaria para que un estímulo sea capaz de excitar ­un receptor sensorial. El umbral máximo es, en cambio, la mayor cantidad de un estímulo que pueden soportar los sentidos. Más allá de él ya no se produce un aumento de la sensación o se produce una sensación de otro tipo (por ejemplo una luz intensa no provoca una sensación visual, sino dolor).


EL PROBLEMA FILOSÓFICO DE LA PERCEPCIÓN. ¿Cómo puedo saber que los demás perciben lo mismo que yo percibo? La respuesta es que puedo creerlo, tal vez incluso necesito creerlo (pues en buena medida, mi vida depende de esta creencia), pero soy incapaz de saberlo con absoluta certeza. Examinemos algunas posibilidades; todas tienen en común algo: tan imposible es demostrar que son ciertas como que son falsas.

· Puedo creer que estoy leyendo un libro de psicología, pero en realidad estoy dormido y soñando (si alguien entra no verá este libro, sino a mí mismo tumbado y roncando),
                 
· Quizá me he presentado voluntario a un experimento en que se crean alucinaciones estimulando ciertas partes del cerebro: yo veo el libro, pero los demás ven a alguien tumbado con unos electrodos en la cabeza y unas líneas que muestran mi actividad cerebral.

· Tal vez sea daltónico o tal vez no, pero tampoco sé si los colores son percibidos por los demás igual que yo los percibo: simplemente otros y yo llamamos «azules» a las mismas cosas, pero ni sé ni puedo saber si su experiencia del azul es igual que la mía.

· Puedo estar en una situación como la de la película Matrix: conectado a una computadora que alimenta mi mente con percepciones que no tienen nada que ver con el mundo real.

· ¿Y si hubiera tenido un accidente de tráfico en el que la única parte de mi cuerpo que se ha salvado ha sido el cerebro, mantenido con vida y estimulado artificial mente con todo tipo de percepciones y falsos recuerdos?

En cualquiera de los supuestos anteriores podría explicar mi engaño por el efecto de alguna causa física sobre mi cerebro, pero quizá eso que llamo cerebro y que creo cau­sante de mis percepciones no sea más que parte de esa falsa historia que yo con­fundo con mi vida real.

Además de los umbrales mínimo y máximo, se habla también del umbral diferencial, que es la diferencia mínima nece­saria entre dos estímulos para que las sensaciones resultantes sean captadas como realmente distintas. Uno de los cultivadores de la psicofísica en el siglo XIX, el alemán Ernst Weber, descubrió que el umbral diferencial no es una cantidad absoluta, como los umbrales mínimo y máximo, sino que varía dependiendo del estímulo originario: por ejemplo, un mínimo aumento en la intensidad de la luz es perceptible en una habi­tación oscura, pero no en otra muy iluminada; si, con los ojos vendados, sostienes un folio en la mano, notarás el aumento de peso que supone otro folio más, pero no lo notarías si sostuvieras un paquete de 100 o más folios. La llamada ley de Weber (o ley de Weber-Fechner) dice que “el umbral diferencial es directamente proporcional a la magnitud de un estímulo”, siendo, por tanto, el resultado de dividir estímulo por una constante. La ley de Weber se cumple en muchos casos, pero no en  todos: más exactamente, se cumple para estímulos de magnitud media y alta, pero no para los que están próximos al umbral mínimo. En este último caso, puede haber grandes diferencias de apreciación entre distintos sujetos sobre la variación necesaria para considerar un estímulo como diferente a otro.


2.      LA PERCEPCIÓN.

2.1. DEFINICIÓN GENERAL

El ser humano no capta la realidad fragmentariamente, como si fuera un mosaico de sensaciones. El objeto directo de nuestra percepción son los objetos y los acontecimientos o
Sucesos. Así, percibimos directamente un «melocotón», no una suma de colores, olores y formas. Para estudiar los procesos per­ceptivos, los descomponemos en sus más pequeños elementos, como estímulos, sensaciones, esquemas, etc., pero en la experiencia real no procedemos sumando simplemente los datos recibidos de los sentidos.

Por lo tanto, el sujeto no es un ser pasivo que se limite a cap­tar la estimulación del medio, sino, al contrario, un ente activo. Las últimas investigaciones han puesto de manifiesto esa actividad del sujeto, ya que la percepción se halla condicionada por el aprendizaje, las experiencias pasadas y los esquemas cognitivos, además de por otros factores subjetivos como las motiva­ciones, los intereses, etc., o sociales, como el lenguaje y la cul­tura…

Podemos decir, pues, que gracias a la existencia de mecanis­mos perceptivos complejos, interpretamos la estimulación del medio y se nos hacen presentes objetos y acontecimientos  como hechos dotados de significación. Por eso, la percepción me permite captar la realidad como «mundo», es decir, como realidad organizada, estructurada, plena de sentido y significa­ción; de otro modo, nuestro conocimiento no dejaría de ser una acumulación caótica de sensaciones. Los filósofos y psicólogos denominan percepto al contenido de ese proceso, o sea, al objeto o acontecimiento tal y como es percibido.

2.2. TEORIAS SOBRE LA PERCEPCION.

Desde mediados del siglo XX se puede decir que no existe un solo manual de psicología general que explique el tema de la percepción sin tomar como hilo conductor básico de su exposi­ción la teoría de la Gestalt. Por tanto, podemos decir que (al contrario que en otros campos) en lo que se refiere a la percepción existe una única teoría psicológica, admitida por todos con más o menos matices; esta teoría se opuso contundentemente a la concepción antes dominante (el asociacionismo de raíz empi­rista) y con posterioridad a ella no han aparecido teorías alter­nativas, sino únicamente complementos o matizaciones sobre un fondo general de acuerdo. Hagamos una rápida revisión de algunas de las teorías clá­sicas para, a continuación, iniciar una explicación del proceso perceptivo tomando como guía a la psicología de la Gestalt:

2.2.1. El asociacionismo

En los primeros años de la psicología científica, sus cultiva­dores (Wundt, Titchener y otros) aceptaron sin discusión los presupuestos básicos de la filosofía empirista, según la cual, la mente del hombre al nacer es como una hoja de papel en blan­co y las sensaciones suponen siempre el inicio de la vida men­tal. Por tanto, todo lo que hay en la mente humana debe ser derivado exclusivamente de las sensaciones. Según la teoría de la escuela asociacionista, se perciben pri­mero las sensaciones aisladas (manchas de luz y color, cualida­des táctiles como la dureza, la tersura, etc.). Con posterioridad estas sensaciones se asocian entre sí, y su simple suma consti­tuye la percepción global del objeto. De esta manera, Wund­t explica la percepción como si fuera un mosaico formado por átomos de sensaciones elementales. En el asociacionismo, el sujeto adopta un papel pasivo puesto que la percepción es el resultado de la suma de sensa­ciones según leyes mecánicas.

2.2.2.   La Gestalt

La palabra alemana Gestalt significa «forma», por lo que muchos manuales en castellano prefieren denominar a este movimiento escuela de la forma. El nacimiento de esta escuela psicológica se sitúa en los experimentos realizados por Max Whertheimer entre 1910 y 1912. Uno de estos experimentos, que después fue bautizado como percepción del movimiento fi, fue decisivo en la deducción de uno de los principios básicos de la Gestalt. El experimento consistía en lo siguiente: Werthei­mer iluminaba sucesivamente dos líneas verticales separadas por un centímetro; cuando el intervalo entre los dos resplandores era de (aproximadamente) entre 1/30 y 1/5 de segundo, el observador no percibía dos líneas, sino una sola línea que se desplazaba. Por consiguiente, concluyó Wertheimer, la percepción no se construía como una suma de elementos (luz A a la izquierda + oscuridad + luz B a la derecha), sino como una totalidad que no aparece en ninguna de las sensaciones: una única luz en movimiento.

Aparte de Wertheimer, los principales representantes de la escuela fueron Köhler, Koffka y Lewin. Estos psicólogos se mostraron contrarios al asociacionismo, defendiendo que la percepción no se constituye por una suma de elementos o partes; al contrario, percibimos directamente totalidades organizadas (for­mas o configuraciones). Estos todos estructurados que se perci­ben son algo más que la suma de las partes, ya que se encuentran organizados según leyes fijas de la percepción. A diferencia de otras escuelas que insistieron en la necesidad del aprendizaje y la experiencia en la percepción, la Gestalt afirmó la existencia de capacidades innatas para configurar las percepciones.



2.2.3.   Teorías Cognitivas

Comenzaron a desarrollarse en la década de los sesenta. En líneas generales podemos decir que establecen ciertas analogías entre el funciona­miento del cerebro y el de los ordenadores. Para estas teorías, la percepción se incluye dentro de un campo más amplio como es el de la cognición, hallándose plenamente interrelacionada con otros procesos mentales superiores, como son la memoria o la toma de decisiones. Se trata de un proceso constructivo en el que el sujeto anticipa unos esquemas (grabados en la memoria como resultado de experiencias anteriores) según los cueles deben organizarse las sensaciones. Los principales representantes de esta tendencia son los psicólogos Marr y Neisser.

En suma, aprendemos a percibir, y, como resultado de ese aprendizaje, se crean esquemas cognitivos en nuestro cerebro, los cuales, posteriormente, condicionarán nuestra futura percep­ción de la realidad. Estos esquemas no sólo se aprenden, sino que, además, se asocian a una palabra o a un conjunto de pala­bras. A través de esos esquemas mentales y de los vocablos que los designan, otorgamos significado a los objetos que percibimos.

2.2.4. Enfoque Neuro-psicológico.
                     
Iniciado por Hebb y desarrollado posteriormente por Luria, este enfoque intenta relacionar la percepción con la activi­dad neuronal. Según Hebb, la percepción es un proceso cuyo componente principal son las llamadas asambleas celulares. Éstas son uniones sinápticas de las neuronas como resultado de algún acontecimiento perceptivo anterior. Dichas asambleas per­manecen consolidadas gracias a la experiencia y al aprendizaje. Ahora bien, esto no significa que esas uniones sinápticas sean inmodificables; por el contrario, se pueden formar nuevas asambleas o desunir las ya consolidadas de una manera gra­dual, como consecuencia de nuevos acontecimientos percepti­vos. Las uniones entre asambleas celulares, las cuales se activan unas a otras, permiten explicar fenómenos perceptivos comple­jos e incluso la plasticidad del propio pensamiento.

De esta forma, se intenta traducir los esquemas perceptivos descubiertos por los psicólogos gestaltistas en términos de agrupaciones neuronales relativamente estables. Se trata de una idea fecunda para la investigación neurofisiológica y con­firmada en parte por los recientes estudios sobre los receptores NMDA, cuyo tiempo de apertura fortalece las conexiones sináp­ticas mejorando la memoria y la capacidad de aprendizaje.

2.3. LEYES GESTÁLTICAS DE LA PERCEPCIÓN.
                                    
Como ya hemos dicho, ha sido la escuela de la Gestalt (ya desaparecida como tal) la que ha aportado los principios básicos sobre el fenómeno de la percepción. Sus investigaciones se han traducido en la enunciación de leyes generales de la percepción, sobre todo las referidas a los fenómenos visuales. La escuela defiende que la forma, independientemente de los elementos aislados que la constituyen, se impone como una figura estructurada, conforme a ciertas leyes que le son específicas. Veamos a continuación las leyes gestálticas más importantes.



2.3.1.   Articulación Figura-fondo.

Esta ley afirma que lo percibido es siempre una figura que se recorta sobre un fondo. Esta forma de organizar las sensaciones no se refiere sólo a las visuales, sino a las de cualquier tipo. Muchas veces hablamos de ruido de fondo y esta expresión es enteramente exacta: son los sonidos que sentimos, pero no atendemos porque nuestra atención está puesta en otros sonidos (la «figura», en este caso auditiva). Algo parecido podemos decir de los olores, sabores o sensaciones del tacto: ¿no notamos muchas veces que ciertas sensaciones como el calor o el frío, el dolor de una parte del cuerpo o un cierto olor se atenúan mucho hasta llegar prácticamente a desaparecer simplemente con no prestarles atención (por supuesto permanecen, pero como fondo no atendido)?
                 
La figura posee unas características propias: presenta mayor estructuración, más apariencia de «cosa» con forma y ­contornos definidos; se percibe delante del fondo, es decir, más próxima al sujeto; y se percibe con menor dimensión y envuelta por el fondo.

El fondo, por oposición a la figura: carece de contornos precisos; es uniforme, por lo que no posee una estructura formal; se percibe como más lejano y envolviendo a la figura, y su superficie es mayor y más imprecisa.

Una circunstancia curiosa que se puede producir en esta relación es la llamada reversibilidad fondo-figura. El ejemplo conocido de ella es la copa de Rubin, ideada por este psicólogo en 1920. En dicho dibujo, o bien percibimos dos rostros en oscuro recortados sobre un fondo blanco, o bien una copa blanca destacada sobre fondo oscuro. Podemos percibir una cosa u otra, pero no las dos a la vez.

2.3.2. Leyes de Agrupación de los estímulos.

Una vez que sabemos que las sensaciones se agruparán for­mando una figura que destaque sobre un fondo, podemos intentar averiguar, entre las distintas posibilidades de configuración existentes, cuál será la más probable. La respuesta a esta cuestión la proporcionan las llamadas leyes de agrupación de estímulos:

· Ley de pregnancia (también llamada de buena forma o de simplicidad). Los estímulos se perciben formando la estructura más simple de las posibles.
· Ley de proximidad. Ante estímulos semejantes, aquellos que se hallen más próximos entre sí tenderán a percibirse agrupados, formando un todo o figura.
· Ley de continuidad. Aquellos estímulos que poseen una continuidad de forma son percibidos como formando parte de una misma figura.
· Ley de semejanza. Los estímulos parecidos entre sí tien­den a percibirse como formando parte de un conjunto.
· Ley de clausura. Nuestra percepción tiende a completar figuras no cerradas, añadiendo las partes de las que carecen.
· Ley de contraste. Interpretamos aspectos como el tama­ño y el color de los objetos por su relación con los otros objetos del contexto en que aparecen (esta ley explica, al menos parcialmente, el fenómeno de la constancia perceptiva).




2.2.3. La Constancia Perceptiva.

Nada de lo que percibimos permanece estable ni constante: las longitudes de onda de luz reflejadas por las superficies corpóreas (o sea, los colores) cambian continuamente según las variaciones de la luminosidad; el tamaño de los objetos se modifica a tenor de nuestra posición; la forma se altera por la perspectiva, etc. Sin embargo, nuestra mente es capaz de percibir un color constante, conocer el tamaño del objeto o contem­plar la misma forma aunque nuestra perspectiva haya cambia­do. Así, por ejemplo, la imagen retiniana que produce la gesticulación de una mano al decir adiós no es la misma en nin­gún momento del proceso perceptivo; sin embargo, el sujeto la contempla como invariable en su tamaño, forma, color, etc. A este fenómeno se lo conoce con el nombre de constancia perceptiva.

Imaginemos por un momento que nuestra percepción de los objetos variase a la vez que los estímulos que de ellos nos llegan. Sería imposible reconocer las cosas, puesto que éstas se encontrarían en un perpetuo cambio. No existirían ni aprendi­zaje ni memoria, ni una captación uniforme del medio que nos rodea. Sobrevivir en esas condiciones resultaría prácticamente imposible.

La constancia perceptiva resulta, pues, vital para nuestra adaptación al medio ambiente. Gracias a ella, el sujeto capta los mismos objetos a pesar de que los estímulos que recibe su cere­bro son cada vez diferentes. Por lo tanto, la mente no se limita a reproducir sin más las sensaciones que recibe, sino que cons­truye activamente un mundo perceptivo, elaborando códigos de información estables.


2.3.4. Observaciones críticas sobre las leyes de la percepción.

Aunque ya hemos dicho que, en general, las leyes gestálti­cas son consideradas por todos los psicólogos como una aportación definitiva a la psicología de la percepción, eso no les ha librado de observaciones críticas más o menos pertinentes. Recordemos algunas de ellas.








 En primer lugar, se ha dicho que estas leyes no predicen con­ductas, sino que se limitan a describirlas, entre otras cosas debi­do a la propia imprecisión de los conceptos utilizados. Tomemos, por ejemplo, la ley de simplicidad o pregnancia. Según esta ley, en el dibujo siguiente debemos ver un círculo detrás de un trián­gulo (es decir, una organización tridimensional) en vez de un triángulo completo junto a un círculo incompleto, ambos en el mismo plano. ¿Por qué presuponemos que una configuración tri­dimensional es más sencilla que otra bidimensional? Quizá la idea de simplicidad no es una explicación de por qué vemos lo que vemos, sino al contrario: primero vemos lo que vemos y después decimos que ésa es la más simple de las posibilidades.

Otra crítica frecuente a la psicología gestáltica ataca uno de sus presupuestos: el innatismo. En este sentido, la Gestalt omi­te leyes de configuración tan reales como las arriba menciona­das, pero que no pueden considerarse independientes del aprendizaje. Una de estas leyes podría llamarse «ley de familia­ridad» y rezar así: los estímulos se agrupan de la forma más familiar al sujeto, es decir, de dos o más posibles organizacio­nes de estímulos se realizará siempre la más acorde con nues­tras experiencias pasadas. En el ejemplo anterior, tal vez vea­mos el triángulo delante del círculo porque estamos acostumbrados a ver objetos que se tapan unos a otros.


Una famosa fotografía de RC. James que aparece en muchos manuales sobre percepción muestra un conjunto de manchas blancas y negras, pero casi todo el mundo ve un perro dálmata. Los gestaltistas explican esta percepción como resultado de las leyes explicadas (figura-fondo, clausura, continuidad...), pero cabe preguntarse si alguien absolutamente ignorante de lo que es un dálmata podría tener esa misma percepción.





 En la siguiente ilustración podemos ver otro ejemplo de este mismo principio: las diferentes costumbres de africanos y occidentales hacen que las percepciones de ambos grupos sean totalmente distintas.




Este principio de familiaridad o concordancia con la expe­riencia total, ya enunciado a principios del siglo XVIII por el obis­po y filósofo irlandés George Berkeley como criterio definitivo para distinguir la realidad de la fantasía, no puede considerar­se independiente del aprendizaje, ya que viene a decir que per­cibimos como hemos aprendido a percibir. En el epígrafe 3 veremos más razones en apoyo de esta misma idea.


2.4.         LA PERCEPCIÓN SUBLIMINAL.

En la década de los cincuenta, en un cine de New Jersey, se llevó a cabo una experiencia sobre percepción cuyos resultados levantaron gran polémica científica. Mientras se exhibía la película Picnic, entre fotogramas del bello rostro de la actriz Kim Novak se intercalaban mensajes publicitarios del tipo “Coma palomitas” y “Tome Coca-Cola”. El tiempo de exposición de lastrases era tan corto (1/25 de segundo) que el público asistente a la proyección no era consciente de recibir dichos mensajes publicitarios. La experiencia se realizó en el mismo cine duran­te seis semanas. Al parecer (no hubo ningún control independiente, por lo que hay que creer a los responsables del experi­mento), en ese periodo las ventas de palomitas durante los descansos de la proyección subieron un 50% y las de Coca-Cola un 17% (tan elevada diferencia entre los dos productos se explicó por las bajas temperaturas, que no favorecían las ventas de Coca-Cola). A partir de ese experimento, comenzó a estudiarse la llamada percepción subliminal.

Se conoce con ese nombre a la percepción (si se la puede llamar así) que se produce por debajo del umbral de la con­ciencia. De esa manera, la persona no sabe o no es consciente de que está recibiendo ciertos estímulos, aunque se supone que los mismos provocan efectos sobre el cerebro. Lo grave de este tipo de «percepción» es que, al no ser consciente el suje­to, no puede defenderse de sus efectos. Debido a sus posibili­dades manipuladoras sobre las conciencias, pronto se prohibió legislativamente el uso de esta técnica con fines publicitarios o ideológicos. No todos los especialistas aceptaron los resultados de esa experiencia, aduciendo falta de rigor científico sobre el control de las variables intervinientes en el experimento. Lo mismo se puede decir de otras experiencias similares. Algunos autores prefieren utilizar el término subcepción en lugar de percepción subliminal: la diferencia entre ambos términos es que la sub­cepción se refiere a la percepción de estímulos próximos al umbral mínimo, pero no por debajo de él (ya que, en este últi­mo caso, la percepción es por definición imposible). Está com­probado el uso de recursos subliminales en campañas publici­tarias y propagandísticas, como forma de incrementar el impacto del mensaje.


A VUELTAS CON LA PERCEPCIÓN SUBLlMINAL. La preocupación por la manipulación comercial e ideológica a la que todos podemos estar sometidos sin enterarnos siquiera es tan grande que las historias sobre percepciones subliminales, reales o inventadas, calan en seguida en la conciencia colectiva. Los más espectaculares experimentos sobre percepción subliminal supuestamente arrojan unos resultados contundentes, pero se critica su falta de controles científicos. Independientemente de los resultados científicos, distintos artistas y publicitarios han confiado en la eficacia de la percepción subliminal o al menos han decidido experimentar con ella, En 1960, Alfred Hitchcock intercaló en Psicosis imágenes apenas perceptibles (el primer plano de una calavera superpuesta sobre el rostro del protagonista) para aumentar la sensación de inquietud en el espectador. Después, otras películas como El Exorcista e incluso producciones infantiles de Disney han seguido esta senda.
                   
Los ejemplos de mensajes subliminales en la propaganda comercial y política son tantos que no podemos enumerarlos aquí. En lo que se refiere a la primera llama la atención que casi todos se refieren al campo de la sexualidad: si ya en la publicidad «normal» es frecuente ver sugerencias sexuales, en la publicidad subliminal las sugerencias se convierten en imágenes o mensajes totalmente explícitos. ¿Es eficaz este tipo de publicidad? Debe serio, pues hay empresarios que siguen invirtiendo su dinero en ella.

Por su parte, los mensajes políticos pueden ensalzar las virtudes del partido publicitado asociándolo con explosiones de alegría con las que no tiene nada que ver (por ejemplo, triunfos deportivos), pero más frecuentemente hacen aparecer al partido, líder o ideología contrarios con cualidades grotescamente desagradables. Algunos de estos trucos son descubiertos y denunciados, pero siempre queda la posibilidad de “lavarse las manos” lamentando la equivocación o, en todo caso, haciendo cargar con todas las culpas únicamente al publicista que crea el anuncio o al técnico que manipula la noticia.


2.5. LA ALUCINACIÓN DEL MIEMBRO FANTASMA.

El miembro fantasma es el término con que se conoce al fenómeno por el que la mente continúa recibiendo las sensa­ciones correspondientes a un miembro recién amputado. En la actualidad se piensa que el fenómeno se debe a una cierta iner­cia en el funcionamiento de las neuronas cerebrales implicadas en la recepción de sensaciones del miembro amputado, que necesitan un tiempo para adaptarse a las nuevas funciones requeridas por el organismo. Más allá de las causas y el tratamiento de esta peculiar alu­cinación, lo que se pone de manifiesto es la posibilidad que cerebro y mente tienen de construir una falsa realidad al mar­gen de los estímulos recibidos por los receptores sensoriales.


2.6.  PERCEPCIÓN POR ESTIMULACIÓN ELÉCTRICA DEL CEREBRO.

El ojo Dobelle (llamado así por su creador, William Dobelle) es un complicado sistema capaz de generar sensaciones visua­les en ciegos con la retina dañada mediante la transmisión de señales eléctricas al córtex visual (situado en el lóbulo occipital). En síntesis, el ojo consta de un receptor de imágenes similar a una pequeña cámara de televisión (que en el futuro podría sustituirse por un chip en la retina), un ordenador que codifica las señales luminosas y las transforma en impulsos eléctricos y un grupo de electrodos en el córtex visual que se activan al recibir dichos impulsos. Aunque el método se ha aplicado todavía a un pequeño número de personas y éstas no alcanzan una visión perfectamente nítida sino solo una cierta capacidad de reconocer formas y luces (similar a la visión sin lentes de una persona muy miope), es muy probable que en el futuro se alcance la curación completa de la ceguera retiniana sencillamente prescindiendo de los receptores naturales (las células de la retina) y sustituyéndolos por unos receptores artificiales.

De forma similar pero más sencilla y perfeccionada, los implantes auditivos sustituyen los receptores del sentido del oído (células ciliadas) por un micrófono que recoge sonidos y y los envía a un procesador, desde el cual llegan en forma de impulsos eléctricos a unos electrodos situados bien en la cóclea o caracol del oído interno (implante coclear), bien en el mismo tronco cerebral.

Estas y otras técnicas quirúrgicas similares plantean la posibilidad de una percepción artificial donde los objetos percibidos no sólo sean captados con la ayuda de instrumentos mecánicos o eléctricos, sino literalmente construidos por dichos instrumentos (bastaría con que en el ojo Dobelle, por ejemplo, se sustituyera la cámara que capta imágenes del exterior por un por un reproductor de imágenes ya grabadas). Estaríamos en ese caso ante una alucinación inducida totalmente indiscernible, para el sujeto, de una percepción real.


3.    INFLUENCIAS SOCIALES E INDIVIDUALES EN LA PERCEPCIÓN.

3.1. INFLUENCIA DEL MEDIO SOCIAL.

Junto a las leyes generales de configuración de estímulos (que los gestaltistas han considerado innatas) se han estudiado también los factores de origen educativo y cultural. Su incidencia es tal que se establecen notables variaciones perceptivas entre una y otra cultura, e incluso entre individuos pertenecientes a un mismo grupo y que han recibido una educación semejante. El antropólogo Colin Turnbull, que estudiaba a los pigmeos del Zaire (habitantes de selvas espesas), caminaba en cierta ocasión hasta la sabana acompañado de un guía pigmeo. Allí vieron a lo lejos una mana­da de búfalos, y entonces el pigmeo le pre­guntó qué insectos eran aquéllos. Al explicar­le que no eran insectos sino búfalos, e­l pigmeo no podía entender que unos búfalos pudieran parecer tan pequeños: en la selva no estaba acostumbrado a percibir a grandes distancias y no podía entender que un ani­mal grande se volviera pequeño simplemen­te porque estuviera lejos.

Son bastante conocidos los estudios realizados sobre la influencia del lenguaje en la percepción. Por ejemplo, los colores, verde y azul, próximos en el espectro visible, pueden ser nombrados con una sola palabra (como en el lenguaje de los tarahumara mejicanos) o con dos. ¿Se puede decir que los pueblos que sólo disponen de una palabra ven el mismo color, mientras que los otros ven dos colores distintos? Lo mismo ocurre con el color blanco: para un occidental se trata de un solo color y dispone de una sola palabra para nombrarlo, mientras que un esquimal dispone de hasta veintidós vocablos diferentes.

Es evidente la función adaptativa de los efectos del lengua­je y la cultura en el modo de percibir la realidad: un occidental no necesita discriminar entre diferentes tipos de blanco, ya que se trata únicamente de un color más; el esquimal vive rodeado de blancos con distintos significados: uno significa nieve firme y segura, mientras que otro denota peligro, etc. Su vida puede depender de distinguir estas tonalidades y la forma más segura es disponer de palabras distintas para hacerla.

3.2. INFLUENCIAS INDIVIDUALES.

No debemos olvidar la influencia en la percepción de facto­res psicológicos individuales tales como la motivación o las expectativas de cada uno. En experimentos con figuras indefi­nidas se ha podido comprobar que, si las mismas imágenes se muestran a dos grupos de personas: unos que acaban de comer y otros que llevan varias horas sin hacerlo, los sujetos del segun­do grupo percibirán muchos más elementos relacionados con la comida que los del primer grupo. La razón, en este caso, es fácil de entender: el deseo o la necesidad condicionan la per­cepción.

Esta comprobación se puede extender más allá del impulso estrictamente biológico (alimentario, sexual…) a otras motivaciones de tipo cultural. Un aficionado a la música percibirá con mayor rapidez y finura todo lo relacionado con este campo. El interés individual del alumno puede determinar que la misma clase de psicología sea un tostón insoportable o una experiencia fascinante. Por supuesto, en el primer caso la mayor parte de los detalles de la explicación pasarán inadvertidos.

Otro factor que influye notablemente son las expectativas y actitudes previas a la aparición de ciertos estímulos. En cierto experimento se proyectó una imagen difuminada para pedir luego a las personas que intervenían en él que adivinaran de qué objeto se trataba. A continuación la imagen se fue enfocando y se pedía a los participantes que, tan pronto como supieran con seguridad qué objeto estaban percibiendo, pulsasen un botón. Pues bien, los que acertaron la primera vez tardaron bastante menos que el resto en apretar el botón: simplemente tuvieron que confirmar una expectativa anterior, mientras que los otros debían primero rechazar otra expectativa distinta (falsa) y sustituirla por la creencia verdadera, que tenía también que ser confirmada.

Otra experiencia similar fue realizada por Carmichael en 1932. Consistía en presentar a unos sujetos distribuidos en dos grupos unas figuras ambiguas acompañadas de etiquetas verbales. Las figuras eran idénticas, pero las etiquetas era distintas en los dos grupos. Corno se ve en la tabla, la misma figura iba acompañada, en un caso, de la palabra timón y en el otro por la palabra sol. Si después se pedía a los mismos sujetos que intentaran reproducir la figura, lo hacían distorsionándola de acuerdo con las características propias de la palabra representada.

La psicología social ha estudiado la influencia del prejuicio en la percepción. Allport y Kramer realizaron un experimento con dos grupos de personas, unos con prejuicios raciales contra los judíos y otros sin ellos. Se proyectaron veinte diapositi­vas de hombres de raza blanca y se pidió a los sujetos que dis­criminaran cuáles eran de origen judío. Sorprendentemente, las personas con prejuicios raciales tuvieron un porcentaje muy superior de aciertos. Allport y Kramer concluyeron que las per­sonas con actitudes y juicios previos sobre un fenómeno son más selectivas y más discriminadoras en la percepción de dicho fenómeno. En otro experimento, el mismo Allport mostró a varias per­sonas blancas el dibujo de un hombre blanco con un cuchillo en la mano sentado en el autobús junto a un hombre negro. Al preguntarles después por los detalles del dibujo, un porcentaje sorprendentemente alto «recordaba» que el cuchillo estaba en la mano del hombre negro.

En conclusión: generalmente vemos lo que esperamos o queremos ver; en ocasiones, esto nos ayuda a fijar la atención en los detalles relevantes, pero otras veces simplemente produce una percepción deformada de la realidad.


PRUEBA TU PERCEPCIÓN EXTRASENSORIAL. A lo largo de la unidad hemos dado por supuesto que, aunque sensación y percepción no son la misma cosa, la pri­mera es condición necesaria de la segunda. No hay, pues, percepción sin sensación. La percepción extrasensorial, en caso de existir, vendría a negar este supuesto: puede haber percepciones no basadas en sensaciones, o basadas en sensaciones diferentes de las conocidas. Aunque la mayoría de los psicólogos niegan esta posibilidad (hay, sin embargo, excepciones dignas de mención, como Freud –en su última época- y Jung), podemos idear un experi­mento que nos sirva para comprobar la existencia o no de percepción extrasensorial en una de sus formas más cono­cidas: la telepatía (transmisión directa del pensamiento de una mente a otra).

Para realizar el experimento, haremos unas tarjetas de cartón con figuras geométricas sencillas, en este caso diez: elipse, círculo, cuadrado, rectángulo, triángulo, pentágono, trapecio, estrella, líneas paralelas, aspa. Otra posibilidad es escribir un número de una sola cifra del 0 al 9.

Deberéis poneros por parejas, de modo que los integrantes de cada pareja se den la espalda uno a otro a fin de evi­tar reconocer gestos y otras señales inconscientes. Limitaos a decir una palabra previamente convenida (por ejemplo, «ya») cada vez que se mire una tarjeta nueva. Las tarjetas tienen que aparecer en orden aleatorio. Uno mirará las tar­jetas y concentrará su pensamiento en la figura o número que en ella aparece, el otro anotará en un papel cuál es el objeto en el que (según cree) su compañero está pensando. Al terminar con las diez tarjetas se invierten los papeles. El porcentaje de aciertos medio, si excluimos la percepción extrasensorial, debe ser del 10%: algunos no tendrán nin­gún acierto y otros dos o tres; como mucho podemos pensar que alguien acierte cuatro o cinco veces por puro azar. Si superas este porcentaje, repite el experimento varias veces con otros compañeros distintos. Si siempre obtienes unos resultados similares (sin hacer trampa, claro está), puedes empezar a sospechar que quizá la percepción extra­sensorial sea una realidad.


SENSACIÓN Y PERCEPCIÓN: 3:43 MIN

REDES OBSESIONES CEREBRALES


sábado, 16 de enero de 2016

UNIDAD 3. BASES BIOLÓGICAS DE LA CONDUCTA Y EL PENSAMIENTO

BASES BIOLÓGICAS DE LA CONDUCTA
Y EL PENSAMIENTO.


1. El sistema nervioso
1.1. Células nerviosas y neuro-transmisores.


El sistema nervioso está formado por dos tipos de células: neuronas y las neuroglias. Aunque cuantitativamente es mayor la masa de neuroglias (un 90% frente a un 10% de neuronas, aproximadamente), desde un punto de vista funcional son mucho más importantes las neuronas: éstas son las verdaderas responsables de la transmisión del impulso nervioso, mientras que las neuroglias se limitan a una función de sostén y mantenimiento de las neuronas



En una neurona se distinguen en principio dos partes: un cuerpo y unas prolongaciones; entre estas últimas podemos distinguir también una claramente más alargada (llamada axón) y el resto, de forma similar a los dedos de una mano o a las ramas de un árbol (dendritas). El impulso nervioso, de naturaleza eléctrica, se transmite siempre de la misma forma a lo largo de la neurona: entra por las dendritas, llega al cuerpo y sale por el axón, cuya terminación debe estar lo suficientemente cerca de las dendritas de otra neurona para que continúe el proceso de transmisión. 

En sentido estricto, el axón de una neurona no está en contacto físico directo con las dendritas de la neurona siguiente: hay una pequeñísima distancia de separación entre ambas células, en torno a dos cienmilésimas de milímetro. El impulso nervioso saltará o no esta distancia en función de la presencia de ciertas sustancias químicas llamadas Neurotransmisores, cuya función es posibilitar o inhibir la sinapsis o comunicación interneuronal. 











Los neurotransmisores son enzimas almacenadas en unas vesículas que se sitúan al final del axón y que al ser liberadas provocan la excitación de los receptores de las dendritas de la siguiente neurona. Uno de los avances más importantes de la neurofisiología en los últimos años ha sido el aislamiento de estas sustancias; podemos nombrar algunos de los neurotransmisores más importantes: 

El primero en ser descubierto, en 1921, fue la acetilcolina, responsable de la contracción de los músculos (su falta, provocada por venenos como el curare, provoca parálisis y muerte). La enfermedad de Alzheimer se relaciona con la pérdida de esta sustancia en el cerebro de los enfermos. 

La norepinefrina o noradrenalina, junto con la adrenalina, actúa en las situaciones de emergencia aumentando el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, etc. Su falta es responsable de algunas formas de depresión

La dopamina se relaciona con procesos como la coordinación de movimientos y la atención, por lo que su falta es común en los llamados niños hiperactivos y también en la enfermedad de Parkinson; por el contrario, la esquizofrenia se relaciona con un exceso de esta sustancia.

La endorfina (morfina endógena) es un inhibidor del dolor con estructura y función similares a las drogas derivadas del opio (morfina, heroína), pero, a diferencia de éstas, producido por el propio organismo. 

Otros neurotransmisores son el GABA, inhibidor cuya falta se asocia a trastornos de ansiedad y epilepsia; el glutamato, relacionado con la memoria, y la serotonina, encargada de facilitar el bienestar emocional




EL CEREBRO EN CIFRAS 

Volumen intracraneal: 1700 CC 

Volumen del cerebro: 1400 CC 

Peso del cerebro del adulto: 1300-1500 g 

Peso del cerebro del recién nacido: 350-400 g 

Número de neuronas: 1011 

Número de sinapsis: 1014 (se incrementa) 

Número máximo de sinapsis por neurona: 10000 

Pérdida de neuronas del córtex cerebral: 85000 al día (1 por segundo).

Longitud total de los nervios del cuerpo humano: 150 millones de kilómetros (distancia de Tierra al Sol).




1.2. El sistema nervioso central 


Se llama así a la masa nerviosa situada en el interior de la cavidad craneal y la columna vertebral, es decir, al conjunto formado por el encéfalo y la médula espinal

La médula espinal. Es una estructura semejante a un cordón que recorre la espalda de arriba abajo. Realiza una doble función: 

Actúa como intermediaria entre el cerebro y las distintas partes del cuerpo, tanto los músculos y glándulas como los receptores sensoriales situados en el tronco y las extremidades. 

Coordina los actos reflejos más simples, como flexionar la pierna tras un golpe en la rodilla. 






El encéfalo. Hay que advertir, en primer lugar, que la diferencia entre cerebro y encéfalo no está ni mucho menos clara: muchos autores consideran ambos términos sinónimos. En el caso de no ser así, se considera al encéfalo dividido en tres regiones superpuestas una sobre otra (de abajo arriba: rombencéfalo, mesencéfalo y prosencéfalo) y se reserva el nombre de «cerebro» a la región más superficial o prosencéfalo. En otros casos, las tres regiones anteriormente citadas se llaman «cerebro posterior», cerebro medio» y «cerebro anterior», respectivamente. 

En la masa situada dentro de la cavidad podemos distinguir varias estructuras: 

El tronco cerebral, en la unión entre médula y cerebro. Destaca el bulbo raquídeo, que controla la respiración y el ritmo cardiaco.

El cerebelo, en la parte inferior-posterior del encéfalo. Su función es la coordinación de movimientos y el equilibrio, aunque también interviene en la memoria y el aprendizaje.




El cerebro medio o mesencéfalo, la parte más pequeña y cualitativamente menos importante del encéfalo.

El diencéfalo, situado entre los dos hemisferios cerebrales, por debajo de la corteza cerebral. Está compuesto por la hipófisis (glándula maestra que regula la actividad endocrina de todo el organismo), el epitálamo con la glándula pineal o epífisis, el tálamo que recibe y filtra los impulsos sensoriales (excepto los procedentes del olfato) antes de reenviados a la corteza cerebral y el hipotálamo que regula los impulsos sexuales, el hambre, la sed y el sueño. Las estructuras del sistema límbico (hipocampo, amígdala) se sitúan en el límite o borde del diencéfalo.

Finalmente está el cerebro propiamente dicho, formado en sus tres cuartas partes por una capa de células de unos 4 mm de espesor (la corteza o córtex, formada por los cuerpos de las neuronas o sustancia gris; por debajo de los axones dan lugar a la sustancia blanca). La corteza se pliega sobre sí misma innumerables veces produciendo en conjunto una apariencia de nuez muy arrugada. La enorme importancia del cerebro en la vida psíquica exige que le dediquemos un poco de espacio más adelante, por lo que aquí simplemente añadiremos que entre las numerosas hendiduras que aparecen en la superficie cerebral destaca una especialmente profunda, que divide el cerebro en dos hemisferios, derecho e izquierdo.



El siguiente esquema resume gráficamente la enorme complejidad de estructuras que conforman el sistema nervioso, muy especialmente el cerebro:



1.3. El sistema nervioso periférico


 El sistema nervioso periférico. Está formado por todos los nervios y centros nerviosos situados fuera de las cavidades craneal y espinal. Podemos distinguir dos sistemas:

· El sistema periférico somático, relacionado con las acciones voluntarias y compuesto por nervios sensoriales (envían información al cerebro) y motores (trasmiten órdenes del cerebro a los músculos).

· El sistema nervioso autónomo, que se encarga de los actos involuntarios como latidos cardíacos, dilatación de las pupilas, etc. Se divide a su vez en simpático (dos cade­nas nerviosas a ambos lados de la columna vertebral, con unos ensanchamientos o ganglios) y parasimpático (ramas nerviosas procedentes del encéfalo). Sus funciones son complementarias: mientras el sistema simpático pre­para el organismo para acciones intensas, el parasimpáti­co se ocupa de la recuperación del organismo tras una situación o actividad excepcional.




 



2. Localizaciones y funciones del cerebro.

Como ya hemos visto, el cerebro está dividido en dos hemisferios. Pues bien, cada uno de ellos se ocupa de coordinar la actividad de la mitad opuesta del cuerpo, es decir, el hemisferio derecho coordina la actividad del lado izquierdo y el hemisferio izquierdo la del derecho. Con el tiempo cada uno de los hemisferios se especializa en un tipo de funciones: el izquierdo se ocupa de las habilidades lingüísticas, numéricas y lógicas, mientras que el derecho se relaciona con la habilidad artística, la percepción espacial y la imaginación.




Uniendo los dos hemisferios se halla el cuerpo calloso, formado por sustancia blanca. Cuando se secciona el cuerpo calloso por una operación quirúrgica o se inutiliza por un tumor, cada uno de los hemisferios recibe sus propias percepciones y almacena por separado recuerdos y aprendizajes, como si cada mitad del cuerpo dispusiera de  su propio cerebro (síndrome de Sperry). En cada uno de los hemisferios la corteza se divide en cuatro lóbulos: frontal, occipital, parietal y temporal. El lóbulo frontal está separado del resto por la cisura de Rolando. En general, puede decirse que el lóbulo frontal se ocupa de las funciones motoras incluyendo el habla (que Broca localizó en el área que lleva su nombre, gracias a las autopsias realizadas en cadáveres de enfermos de afasia), mientras que la parte posterior del cerebro se relaciona con las funciones sensitivas. En cualquier caso, la mayor parte de la corteza cerebral está formada por neuronas que no son específicamente sensitivas ni específicamente motoras, sino de asociación entre unas y otras.



Tanto en la corteza sensitiva como en corteza motora podemos observar que la superficie del cerebro relacionada con cada parte del cuerpo tiene menos que ver con su tamaño relativo que con la precisión de las funciones que realiza (el pulgar, por ejemplo, ocupa una superficie similar a una pierna entera): la representación gráfica de este hecho se conoce como homúnculo de Penfield.



La idea de localización cerebral ha sido matizada en el sentido de que el cerebro es un órgano dotado de la plasticidad suficiente para poder configurarse de diferentes maneras, sobre todo en los primeros años de la vida. De hecho, la especialización de los hemisferios que hemos mencionado no es ni mucho menos universal: los centros del habla, situados generalmente en el lado izquierdo, a veces se desarrollan en el lado derecho o en ambos. Por otro lado, las modernas técnicas de investigación cerebral han permitido comprobar que, al realizar una función, no se activa únicamente un área, sino varias a la vez que interactúan entre sí. Por ello, se puede comprender que, en caso de deterioro de un área cerebral, el daño psicológico producido no es necesariamente irreversible, sino que por medio de un entrenamiento adecuado se puede conseguir que otras áreas distintas suplan al área dañada, realizando igual función.





3. Sistemas límbico y reticular.


La corteza cerebral representa la fase más avanzada en la evolución del cerebro, que se ha formado recubriendo otras partes del cerebro anteriormente existentes. Se ha dado el nombre de sistema límbico a una serie de estructuras cerebrales en forma de doble anillo situadas bajo la corteza, que fundamentalmente se encargan de gestionar las respuestas a estímulos emocionales.

El sistema límbico, llamado así por su localización en el limbo o límite entre el cerebro primitivo (a  veces llamado cerebro reptiliano) y la corteza cerebral, se sitúa alrededor del tálamo y comprende una serie de componentes de los que dependen las experiencias del dolor y el placer, el orgasmo, la agresividad, el miedo, la memoria de los olores y del dolor, etc. Entre los centros del sistema límbico destacan el hipocampo, estructura fundamental para transferir los datos de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo, y la amígdala cerebral, con forma de doble almendra y que, según se ha comprobado, desempeña un papel fundamental en la activación de respuestas emocionales y en los procesos de memoria-aprendizaje.

Experimentos de Fulton y lacobsen; más recientemente se ha comprobado que personas con la amígdala dañada son capaces de identificar rostros, pero no de reconocer las expresiones faciales). En 1996, LeDoux descubrió la llamada vía secundaria (o corta) para el procesamiento de la emoción, a cargo de la amígdala sin mediación de la corteza cerebral; en ese caso, el organismo emite la respuesta sin que la corteza haya registrado todavía la información, lo cual produce peligrosas situaciones que algunos autores llaman de secuestro emocional (una persona reacciona rápidamente ante un hecho sin tener una idea clara de lo que está haciendo).

En cuanto al sistema o formación reticular (o SAR: sistema activador reticular), está formado por un conjunto de células nerviosas en forma de red que ascienden desde el tronco cerebral hasta el tálamo e hipotálamo (SARA: sistema activador reticular ascendente) y descienden hasta las neuronas motoras de la médula espinal. Su función es regular el grado de conciencia o vigilancia del cerebro, activándolo para responder a la estimulación.


4. La investigación del cerebro.


¿Cómo llegamos a saber algo sobre el funcionamiento del cerebro? Los métodos de investigación cerebral se han ido perfeccionando con el tiempo y han quedado atrás las épocas en que los estudios de anatomía pasaban por el aprovechamiento de los cadáveres de condenados a muerte o el desenterramiento clandestino de otros cadáveres. 

Todavía en el siglo XIX fueron las autopsias sobre enfermos de afasia las que permitieron a Broca el hallazgo del área cerebral responsable del habla. 

Otros descubrimientos se han realizado observando los efectos de lesiones cerebrales producidas accidentalmente o por intervenciones quirúrgicas. Así, por ejemplo, los enfermos de epilepsia callosotomizados sirvieron a Sperry para aclarar las funciones de cada hemisferio cerebral y los efectos de su desconexión; también es muy citado el caso de Phineas Gage, que sufrió una lesión de su corteza frontal a causa de un accidente laboral: sus capacidades intelectuales no se vieron afectadas, pero sí su personalidad. La cirugía cerebral se practica en personas vivas únicamente por razones médicas, pero la experimentación con animales proporciona también datos aplicables al hombre (como en el mencionado experimento de Fulton- Jacobsen con primates, además de otros muchos realizados con palomas, gatos, perros, etc.), aunque no siempre de forma exacta. 

Actualmente es posible observar la actividad cerebral por otros métodos

Electroencefalograma (EEG). Consiste en el registro de la actividad eléctrica detectada en varios puntos del cráneo. 


Angiografía cerebral. Es una radiografía de los vasos sanguíneos. 

Escáner (también conocido por las siglas TAC: tomografía axial computerizada). Es la reconstrucción por ordenador de una imagen tridimensional a partir de muchas radiografías realizadas desde distintos ángulos.

TEP (tomografía por emisión de positrones) y resonancia magnética. Se trata de dos métodos que permiten obtener imágenes similares a las del TAC, pero de nitidez y precisión mucho mayores.















5. El sistema endocrino. 


Consiste en un conjunto de glándulas, distribuidas por el organismo, que segregan hormonas, es decir, sustancias quími¬cas capaces de alterar la forma de las respuestas orgánicas. El sis¬tema nervioso y el sistema endocrino actúan de forma coordi¬nada para regular las respuestas del organismo. Por ejemplo, ante una situación de emergencia, el sistema nervioso autónomo moviliza los recursos corporales: aumenta el ritmo cardíaco y hace más profunda la respiración a fin de aumentar la cantidad de oxígeno, a la vez que ordena a las glándulas suprarrenales la liberación de adrenalina y noradrenalina para prolongar el esfuerzo. 

De todas las glándulas (tiroides, paratiroides, páncreas, suprarrenales, gónadas...) que forman el sistema endocrino, sin duda la hipófisis es la que ejerce el papel principal: regula el funcionamiento de las demás glándulas incrementando su secreción cuando no liberan suficiente cantidad de hormonas en la sangre (mecanismo de feedback o retroalimentación). Sin embargo, la propia hipófisis depende en su funcionamiento del hipotálamo, lo que pone de relieve la íntima comunicación entre los sistemas nervioso y endocrino.










EJERCICIOS:

1.- ¿Qué tipo de células componen el SNC?
2.- Dibuja una neurona con sus respectivas partes.
3.- Nombra los neurotransmisores que conoces y qué papel juegan.
4.- Haz un esquema sobre el sistema nervioso Central y periférico.
5.- ¿Haz un dibujo de los diferentes lóbulos?
6.- ¿Cuáles son las funciones de los dos hemisferios cerebrales?
7.- Partes del encéfalo
8.- ¿Qué es el sistema límbico? ¿Y el sistema reticular? Explica sus funciones.
9.- ¿Qué métodos se usan hoy en día para investigar el cerebro? 
10.- Explica el sistema endocrino.
11.- Explica las técnicas que se usaban antiguamente para investigar el SNC.
12.- ¿Qué es el síndroma de Sperry? Busca información al respecto.
13.- Explica varias problemáticas o trastornos relacionados con el SNC y cómo o por qué se producen.